Un blog de Natalia Ruiz inspirado en los Grupos de Desarrollo de Conciencia de Semiología de la Vida Cotidiana.

Durante los últimos quince años he tenido la oportunidad de trabajar como psicoterapeuta y semióloga de la vida cotidiana en diferentes contextos. A lo largo de esta década y media, he tratado niños, adolescentes y adultos, pero especialmente desde 2013 he participado en la conducción y manejo de grupos. Lo que en un principio empezó como un programa empresarial, más tarde se convirtió en lo que hoy se ha fundado como los Grupos de Desarrollo de Conciencia (GDC).

El haber tenido el privilegio de crecer y educarme bajo los principios de Semiología de la Vida Cotidiana y mi formación profesional como psicóloga, maestra y doctora en psicoterapia clínica, me ha permitido colaborar en la creación de este proyecto cuyo objetivo es contribuir en la configuración de vínculos más satisfactorios para las personas.

Pero, ¿qué define a un buen vínculo? Por un lado, la disposición que tenemos las personas para acercarnos tanto física como afectivamente a los demás, así como qué tan predecibles y confiables somos al responder a las necesidades emocionales del otro (Bowlby, 1988). El buen vínculo tiene que ver con nuestra capacidad para estar presente, aún en la distancia. Esa presencia promueve la sensación de seguridad que va construyendo la experiencia emocional satisfactoria. El que un niño pueda evocar a su madre en momentos en los que no la ve y tener la seguridad de que regresará, o el que una pareja pueda discutir y expresar sus puntos de vista sin miedo a perder al otro, son ejemplos que hablan de la configuración de un mundo interno estable. La realidad es que no nacemos sabiendo vincularnos, esto es algo que aprendemos a lo largo de la vida. Por supuesto que la experiencia primaria con nuestros padres o figuras de amor representativas, determinan en gran medida nuestro estilo de vínculo, aun así, no llega a ser concluyente. Aprender a estar presente requiere de voluntad, implica el deseo por comprender el mundo del otro y, aunque ese mundo pareciera una versión antagónica a la nuestra, es descubrir que ambos convergen en un mismo anhelo: sentir que alguien se interesa por mí.

Lo que sigue es el relato de lo que hemos aprendido en los GDC. Este blog se construyó desde la experiencia compartida en los grupos, cada historia narrada es un testimonio que nos regala la oportunidad de comprender la vida a partir de los vínculos.

A continuación, describiré pequeñas viñetas de grupo. Si bien las historias son verdaderas, he velado algunos fragmentos cuidando en todo momento la confidencialidad de cada uno de los participantes. Este blog pretende exponer problemáticas actuales, casos con los que podamos identificarnos para que, a partir de su lectura, nos permita elaborar nuestras propias historias. Pero muy particularmente, intenta mostrar de qué manera los GDC funcionan como una matriz que decodifica la genuina identidad de quienes participan en él. Sólo a partir de saber quiénes somos y qué queremos, podremos responsabilizarnos de la forma en la que nos vinculamos con la vida.

Marco contextual

La Cámara del Espejo Grupal

Los orígenes remotos de este concepto están basados en la utilización de la cámara oscura: un cuarto negro con un minúsculo orificio a través del cual pasaba la luz. Los objetos que eran reflejados por este rayo de luz se proyectaban dentro de la cámara oscura, pero al revés, es decir, volteados de cabeza. Este instrumento constituyó las bases para la utilización del telescopio y más tarde para el desarrollo de la fotografía. Sus raíces se remontan a la época de Aristóteles, quien conservaba una descripción de la cámara oscura, sin embrago, no se le puede atribuir con certeza su invención a nadie. Más tarde, artistas como Roger Bacon, Leonardo da Vinci, Giovanni Battista, emplearon este aparato para la realización de varias de sus creaciones artísticas. Finalmente, su utilización derivó en lo que hoy conocemos como el objetivo de la cámara, permitiendo que se puedan capturar diferentes imágenes a diversas distancias, sin perder el foco primordial (Britannica, 2013).

Esto es lo que sucede dentro de la cámara del espejo grupal. Su configuración permite que cada participante se convierta en un espejo que le permita reflejar de ida y vuelta diferentes imágenes desde diferentes ángulos, sin perder de vista el objetivo focal. Cada participante es una caja negra que ha introyectado diferentes percepciones a lo largo de su vida. A cada hecho que ha ocurrido le ha otorgado un significado determinado, y son esos significados los que construyen el lente a través del que percibe la realidad que lo contiene. La cámara del espejo grupal permite que éstas se reflejen en otros espejos, provocando que la percepción de quien mira la imagen se modifique.

Una de las grandes ventajas de la consultoría grupal se asienta dentro de este principio, ya que al integrar un círculo de espejos con diferentes proporciones: algunos planos, otros cóncavos o convexos, los espectadores podrán ver la realidad que les refleja, incluso también las distorsiones que pudieran desprenderse de la imagen. Contemplar estos reflejos invita a hacer una pausa consciente para observar y reflexionar sobre la conducta que ahí se aprecia. Además de ello promueve que los participantes comiencen a valorar y a considerar estas imágenes, aspecto fundamental para que el grupo se convierta en agente de cambio.

Cada imagen irá configurando un proceso, es decir, el conjunto de estas imágenes o epifanías constituye la posibilidad de que cada participante se reconcilie consigo mismo y con su narrativa. Así funciona la cámara del espejo grupal.

Referencias bibliográficas

  • Bowlby, J. (1988). A secure base: Parent-child attachment and healthy human development. New York: Basic Books.
  • Britannica, T. E. of E. (2013). Camera obscura. In Britannica. Encyclopedia Britannica, inc.

    https://www.britannica.com/technology/camera-obscura-photography

Texto: Natalia Ruiz / Ilustración: Diego Zayas

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